lunes, 18 de mayo de 2009


—Un día, vi ponerse el sol cuarenta y tres veces.
Y poco después agregaste:
—¿Sabes?... Cuando uno está verdaderamente triste son agradables las puestas de sol...
—¿Estabas, pues, verdaderamente triste el día de las cuarenta y tres veces?

El principito no respondió.

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